Un día en la vida de Genaro Trueba, Tiempo de Cosecha

Mi nombre es Genaro Trueba y tengo 64 años. Yo me levanto a las 7 de la mañana y me gusta empezar mi día con un ánimo especial. Dedico 40 minutos a la oración pues soy un fiel creyente, católico practicante y agradezco serlo. Trabajo desde mi comedor, nosotros nunca hemos tenido oficinas. Vivo en la ciudad de México y mi casa es la sede de la Dirección General de Tiempo de Cosecha. La planta de producción se encuentra en Tetela de Volcán, Morelos colindando con el Estado de México.


Cada día enfrento dos objetivos principales: vender y administrar correctamente los recursos. Estas son las dos funciones clave que desempeño. Me considero afortunado porque disfruto mucho mi trabajo. Estoy consciente de las dificultades que siempre pueden aparecer y los problemas que normalmente son parte de la vida. Creo profundamente en el trabajo bien hecho, la dedicación y el gusto de ser parte de un proyecto tan apasionante como el mío. Soy un enamorado de lo que hago.


El trabajo es un don que recibimos todos los seres humanos y un medio para que tu como persona te puedas desarrollar y puedas alcanzar las formas en las que Dios nos permite autorrealizarnos. Me encanta que somos un medio para que otras personas alcancen sus objetivos y metas y ser ese factor para nuestros empleados, proveedores y clientes. Queremos transformar este mundo en un mundo mejor y lo hacemos a través de nuestros productos.


 Amo la vida. La forma en la que vamos creciendo, tomando experiencia, conociendo y descubriendo los efectos de lo que hemos construido. Ya sea que estés construyendo de forma correcta o incorrecta, hay que saber amar tanto lo gozoso como lo doloroso. Por eso mismo, amo mi día a día. 


Hay ciertas situaciones que me pueden provocar temor. Pero en realidad sólo le tengo verdadero miedo a una cosa: perder la fe, dejar de sentir la gracia divina. Eso sería lo peor que me pudiera pasar, me sentiría perdido.


No hay nada que me gustaría cambiar de mi vida. Si me dieran a escoger otra vida u otro oficio, no lo tomaría. Hay cosas de nuestro mundo que sí me gustaría que fueran diferentes, como el egoísmo y la egolatría: la raíz de todos los problemas del mundo. Quisiera que todos fuéramos capaces de extender y estrechar una mano al prójimo.


Mi bolsillo está vacío y permanece así la mayoría del tiempo, en términos prácticos, esto se debe a que casi no salgo de mi casa.

 

 

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